
Quizás suene a purista, una persona anclada en el pasado, pero lo cierto es que no me gustan los marcos digitales, esos que en forma de silde, te van pasando fotos de manera infinita.
La fotografía vive en colores, en blanco y negro, sepia etc… , pero es en la textura, gracias al papel, la rugosidad del material donde alcanza otra dimensión.
Existen infinidad de papeles, gramajes, acabados, mates, brillos…. todos ellos en combinación son una parte más de una fotografía. Renunciar a ellos, es darle una dimensión plana, sin viveza.
Pero claro, estamos en el siglo de las pantallas, de la imagen desvirtuada en 5’’, donde las cámaras de fotos parecen artilugios del pasado ante smarphones que cuentan con millones de megapíxeles.
Ante ojos inexpertos, ante pantallas diminutas, ante un sinfín de soportes diferentes de visualización, el disfrutar del papel, como tal, puro, donde tus dedos se impregnan de sensaciones.

